#Posparto

Ser mamá sin abandonarte, un reto que te ayudamos a cumplir

Ser mamá sin abandonarte, un reto que te ayudamos a cumplir

Es normal que al saber que estás esperando un bebé te preguntes “¿cómo podré ser mamá sin abandonarme?”. La maternidad es un reto, lleno de amor y alegría, pero un reto. Si ya fuimos mamás, es un comenzar de nuevo; si somos mamás primerizas, es descubrir por primera vez todo lo que conlleva recibir a nuestro bebé y es, en este camino, en el que podemos perdernos si nos olvidamos de nosotras mismas. Por esto, queremos acompañarte con una miniguía, así podrás prestarle toda tu atención a ejercer tu maternidad sin descuidarte a ti.

Libérate de la culpa

Lo primero es que no sientas culpa por pensar en ti. Hablemos de la maternidad con total sinceridad. Ser mamá puede resultar abrumador, sería irreal negar el cansancio, el sueño pendiente acumulado, los miedos al sentir entre nuestros brazos a un ser tan indefenso, la recuperación de nuestro cuerpo exigiendo un reposo que se ve interrumpido entre llanto, pañales y teta.

Claro, también está el enorme amor y la satisfacción de ver su carita durmiendo en paz, pero, cuando la calma aparece, escuchar nuestra voz interior es innegable. Esa voz puede hacernos sentir egoístas, puede hacernos sentir culpa por preocuparnos por nuestra vida como mujeres más allá de ser madres… Tranquila, todo esto es normal y está bien, léelo de nuevo, está bien.

Nuestro trabajo, nuestra figura, nuestro desarrollo personal, es decir, nuestro mundo más allá de nuestro rol como mamá es muy importante, forma parte de lo que nos define y es por lo que nos hemos esforzado por años, ¡claro que hay razón para sentir nostalgia por eso! Así que libérate de la culpa, no te sientas un mala mamá por pensar en cómo era tu vida antes de tu bebé o preguntarte cómo la recuperarás.

Cuando aparezcan pensamientos de culpa…

  1. Identifícalos.

La primera parte de esta tarea emocional será identificar los pensamientos que te generan culpa. Cuando esto suceda, respira profundamente y trata de aterrizarlos en tu mente formando una oración que los describa.  Por ejemplo, “me siento una mala mamá cuando...”, de esta manera tendrás claridad al respecto de lo que estás atravesando y por qué se presenta la culpa.

  1. Cuestiónalos.

Es decir, reflexiona esas oraciones y encuentra qué es lo que te están tratando de decir, quizá es el peso de estereotipos de “cómo debe ser” una “buena” mamá. A veces la culpa ocupa el rostro de la irresponsabilidad para limitarnos, así que es justo para ti que te cuestiones si eso que estás pensando es un criterio que tú construiste y con el que aún estás en sintonía o es una carga impuesta por alguien más que aún cargas. Si ya estás cuestionándote por qué sientes culpa, puedes intentar responderte ahora con empatía, siempre plantéate la respuesta comprendiéndote, siendo honesta contigo y realista con la etapa que estás viviendo.

  1. Frénalos.

Una vez que hayas identificado y cuestionado por qué sientes culpa, es momento de frenar esos pensamientos que no te llevarán a nada bueno, al contrario, harán que te desgastes más y es lo que menos necesitas. Ahuyenta esos pensamientos de culpa en el momento en el que aparezcan, lleva tu mente a otras cosas. Recuerda alguna experiencia feliz o de paz. Si está en tus posibilidades, manda un mensaje de texto para saludar o tómale una foto  tu bebé, el objetivo es que dejes de darle importancia a esos pensamientos y enfócate en cosas más lindas.

Recuerda que la mente es muy poderosa y cree las palabras que le contamos, así que mejorar tu diálogo interno y tratarte con cariño será de mucha ayuda. Ahora bien, teniendo idea de cómo trabajar la culpa, estás más libre y dispuesta emocionalmente para ver por ti.

Ser mamá sin abandonarte es importante no sólo para ti, también para tus hijos

A medida de que tú te desarrollas, eres feliz, te sientes bien contigo misma, tus hijos aprenderán de tu ejemplo, que se puede disfrutar de la vida y ser genuina a pesar de las responsabilidades. Los hijos no quieren padres perfectos, ellos desean padres felices que los amen, acepten y orienten.

Si estás en equilibrio contigo, podrás ser su mamá sin dejar de ser tú misma. Verán en ti a una persona consciente y sana, mostrarás fortaleza sin perder tu sensibilidad, incluso, serás como persona una fuente de inspiración.

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Para esto es importante que trabajes en lo siguiente:

En tu amor propio

El amor propio es una de las “herramientas” que necesitarás para dejar de preguntarte cómo puedo ser mamá sin abandonarme. Es una brújula que te dará la dirección de lo que quieres hacer para sentirte bien contigo misma, esta brújula no es el amor que puedes sentir por tu pareja o por tus hijos. Es el impulso que te lleva a hacer las cosas porque estás dándole forma a tu propia vida, es la producción en la que tú eres la guionista y actriz de tu propia película.

Tu amor propio te indicará qué es lo que necesitas para ser feliz, para tener paz, para ir a dormir tranquila, para tener un día en el que te sientas cómoda siendo tú. Esto se escucha muy bonito pero ¿cómo se lleva en la práctica?. Ser mamá sin abandonarte es escuchar la voz de tu amor propio, no esa que te juzga y te exige, sino aquella voz interior que sabe lo que necesitas en todos los aspectos de tu vida.

Esta voz sabe tus necesidades emocionales, físicas, sexuales y hasta las que tienen que ver con tu familia, entonces, tu tarea comienza en escucharla, es decir, escucharte. De este modo, te darás los mejores consejos para vivir tu vida y tu maternidad según la vida que estás diseñando para ti.

¡Claro! Tu pareja juega un papel importante, sin embargo, es necesario plantearle tus necesidades y encontrar como un equipo la mejor solución para ti, para tu pareja y para ustedes como la familia que forman. El amor propio también es la voz que te dirá que desayunes antes de poner la lavadora, lavar los trastes o regar las plantas de la sala… 

Tu amor propio siempre cuidará por ti y acomodará las cosas según tus prioridades. Si escuchas esta voz, es más fácil que vivas tu vida con equilibrio, las satisfacciones serán motivaciones y los problemas, serán retos a cumplir. Amor propio es hablarte bonito, apapacharte, consentirte, descansar, escuchar a tu cuerpo y a tu alma.

Sé paciente contigo y sé tú misma

La autoexigencia es algo que debes evitar, en su lugar coloca a la paciencia.  A veces, no nos damos cuenta y vamos sobre la marcha, queriendo funcionar como maquinitas, dejándonos llevar por lo que debemos hacer o tenemos que lograr. Después de un embarazo, es importante detenernos y replantear si lo que estamos haciendo y la manera en la que lo estamos haciendo es la que mejor nos funciona a nosotras.

Así que, además de ser paciente contigo, evita comparar tu maternidad con la de otra mamá. No importa si es tu hermana, tu mejor amiga o la mamá ejemplar modelo a seguir. Nadie más está en tus zapatos, eres tú la que puede decidir cómo llevar a cabo cada paso que das como mamá. Estos dos aspectos te ayudarán a sentirte menos estresada y a estar abierta a vivir tu maternidad con amor y voluntad.

Hay mujeres que pasan por depresión posparto. ya que mientras las hormonas juegan un papel fundamental en su cuerpo, están experimentando muchísimas emociones encontradas porque se sienten rebasadas. Así que respira profundo y ve solucionando lo que puedes solucionar, haz lo que puedas, eso estará bien.

Tómate un tiempo para ti 

Quizá para esto debas soltar lo que, aprensivamente, quieres o debes controlar. Para poder tener unos pequeños instantes contigo misma, quizá debas pedir ayuda, hazlo. Así que algo de ayuda de vez en cuando o cada que tú la quieras o la necesites, está  bien. Por ejemplo, si hay alguien de tu confianza que pueda estar con tu bebé mientras tú te bañas con calma, ¡perfecto! Aprovecha la oportunidad cuando la tengas.

Involucra a tu pareja en las actividades, permítanse vivir una paternidad activa y en esos ratitos en los que esté a cargo de la situación, ve recuperando tiempo, energía, espacio y presupuesto para ti. Sabemos que los primeros meses de lactancia necesitarás estar muy cerquita de tu bebé, disfrútalos porque se van rapidísimo, incluso, puede ser que por cuestiones laborales debas apoyarte de un banco de leche y está bien.

Pero de nada servirá la angustia de no estar junto a tu bebé todo el tiempo, mejor enfócate en que ese tiempo lejos de tu bebé sea aprovechado y disfrutado por ti y para ti. Disfruta el trabajo, que si bien puede ser necesario, también es para agradecer tenerlo.  Piensa que es el momento de conectar con tu vida de antes del parto, pero con una motivación extra que te espera en casa. La disciplina es importante pero no debe ser una razón para llevarlo todo al límite, irte a dormir dejando los trastes sucios, no es el peor pecado y esos 20 minutos más de sueño para ti, pueden hacer la diferencia entre realmente descansar o seguir agotada.

Organiza

Es decir, enfócate en tus prioridades y si, por ejemplo, te has dado cuenta que el bebé toma siesta a las 4 de la tarde, entonces, a las 4 de la tarde, será el momento en el que podrás hacer tu yoga o tus ventas en línea. Si quieres saber cuánto es lo que debe dormir un bebé según su edad, da click aquí.

Percibe los tiempos, los ritmos, los momentos y, con base en eso, haz una planeación, mental o escrita para resolver los pendientes. Si el doctor te da luz verde para comenzar con el ejercicio, organízate de tal manera que puedas ir de menos a más. Por otro lado, delegar algunas responsabilidades es otra de las acciones que puedes tomar para no sentir que cargas todo en tu espalda.

Si tienes hijos mayores en casa y pueden cooperar, puedes intentar que todos tengan a la vista un pizarrón en el que consulten obligaciones. Por ejemplo, el hijo de 5 años se encargará de que todas las noches, antes de ir a dormir, los juguetes estarán en su lugar; el hijo de 7 años se pondrá su pijama y pondrá la ropa sucia en el bote. Todos en casa pueden hacer de su hogar el mejor equipo.

Ve un día a la vez

Es decir, soluciona tus pendientes como van ocurriendo, vive un día a la vez, relájate y asegúrate de crear en casa el menor estrés posible. De por sí, la llegada del bebé puede ser un factor que cambie dinámicas y rutinas, la adaptación a ese cambio será un proceso por el que todos atravesarán. Vive y disfruta del proceso sin estresarte, son días que ya no volverán, ya no se repetirán, sin embargo, mientras más tiempo pase, todo se irá acomodando.

Cultiva tus gustos

Para no abandonarte, cultiva tus gustos a medida de que tu energía y organización lo permitan, poco a poco ve retomando la lectura, la pintura o lo que te llene de satisfacción personal. Mientras, puedes encontrar un oasis en la música. Puedes escucharla bajito y así, lograrás que el bebé se vaya acostumbrando poco a poco a dormir con cierto ruido ambiental.

Deja crecer a tus hijos

Es decir, ellos irán haciéndose cada vez más independientes, confía en ellos, deja que crezcan y aprendan a hacer cosas por sí solos. Si bien, los primeros años te necesitarán mucho, conforme vayan creciendo podrás sumar en su vida seguridad en ellos mismos para ser autosuficientes.

No omitas tus necesidades

A veces como mamás nos silenciamos, omitimos nuestras necesidades y ganas de hacer cosas porque nos sentimos irresponsables si dejamos de estar o dejamos de hacer algo. Sin embargo, hay que ser muy sinceras con nosotros y decidir el tipo de maternidad que queremos ejercer. Todas nuestras decisiones deben estar orientadas hacia nuestra paz y nuestra felicidad.

Tenemos derecho a seguirnos preparando, a seguir experimentando y a seguir siendo nosotras mismas. Un hijo no debería venir a restar o a quitar nada de lo que somos, al contrario, viene a sumar y a compartir, claro, habrá prioridades y esfuerzos para hacer rendir el tiempo, pero si se quiere, ¡se logra! Para ser mamá sin abandonarse se debe tener paciencia y mucho amor propio.

Recuerda que tu papel como madre ha comenzado y no tendrá fin, siempre serás mamá, así que tómalo con calma.