Expediente: el sol y la piel del niño

Las especificidades de la piel del niño bajo el sol

Una piel inmadura

La piel del niño se encuentra en plena formación y posee un capital celular único desde el nacimiento: por lo tanto, es necesario protegerla de los peligros del sol.

Su inmadurez se manifiesta en distintos niveles:
 

  • En la epidermis, las células pigmentarias (melanocitos) son menos abundantes, por lo que la fotoprotección es mucho menos eficaz que en la edad adulta.
  • Las células inmunitarias protectoras (células de Langerhans) tampoco tienen un buen desempeño y, por lo tanto, son más sensibles a los rayos UV.
  • La cohesión de las células es menor y los rayos pueden penetrar más fácilmente.
  • Las glándulas sebáceas son inmaduras hasta los 7 años de edad. Por todos estos motivos, la piel de los niños tiene tendencia a ser seca y pobre en lípidos que forman (con el sudor) una barrera eficaz (la película hidrolípidica) El sol sólo empeorará esta situación.
  • Por último, las glándulas sudoríparas permanecen inmaduras hasta los 3 años de edad. En caso de exposición prolongada al sol, o de calor muy agobiante, estas glándulas no pueden producir el sudor suficiente para eliminar la energía almacenada.  Existe entonces el riesgo de sufrir un golpe de calor, que puede ser mucho más grave si se produce una deshidratación aguda y se debe recurrir a la hospitalización.


Una piel más expuesta al sol

Las actividades de los niños (juegos al aire libre, caminatas, vacaciones, etc.) los llevan a estar entre 2 y 3 veces más expuestos al sol que los adultos cada año. A los 18 años, ya hemos recibido un 50 % del sol de toda nuestra vida.

Daños acumulados e irreversibles

La piel tiene memoria: guarda a largo plazo las agresiones solares de la infancia, que pueden generar daños visibles en la edad adulta. Numerosos estudios han demostrado que una fuerte exposición solar durante la infancia, en especial frecuentes quemaduras dolorosas, representa un factor de riesgo de desarrollar un melanoma en la edad adulta.

Frente a estos riesgos, los productos de protección solar tienen una eficacia probada: numerosos estudios han demostrado que al proteger sistemáticamente a los niños, se disminuyen en gran parte los riesgos de aparición de melanomas. Por lo tanto, es necesario proteger a tu hijo cada vez que se expone al sol.

Para obtener más información sobre buenos hábitos de la  protección solar, consulta nuestra ficha de consejos.

 

 

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